Que los hombres invoquen
a los dioses perdidos
con las manos atadas
y alas de colibri,
que las lenguas se caigan
podridas por desuso.
Que las palabras despierten
y avancen marchando
en conchas de caracol,
perdidas en rumbo
de verdad mal parida.
Que a la hora de tus noches
las lunas no se asomen,
que se vuelen las estrellas
en aviones sin turbinas,
que el sol se quede dormido
y ronque sin ronquido.
Que a la hora de los cantos
las voces se destemplen
que los vidrios se exilien
las corcheas se suiciden
los pentragramas se borren
las orquestas se desarmen.
Que a la hora de las mentiras
los rayos choquen solos
y las nubes se disipen,
que tu frente no este sucia,
que entre sabanas, no te pierdas.
Que a la hora de las mentiras
no camines tan solo
entre tanto bosque calcinado,
que la soledad se derrumbe
y que reine la pereza,
a la hora de las mentiras...
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